Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza




AMALIA HERNÁNDEZ, LA EMBAJADORA DEL FOLCLOR MEXICANO

Por Gabriela Jiménez Bernal

México sobresale por la diversidad de sus expresiones dancísticas. Sin embargo, el folklor sigue siendo el género más conocido en todo el mundo y el que nos sigue distinguiendo por su colorido, energía e historia. Infinidad de bailarines y coreógrafos lo mantienen vivo, pero es justo reconocer que dentro de ese caleidoscopio de exponentes hubo una mujer que, como nadie, hizo historia con este género: Amalia Hernández (1917-2000).

Tierra azteca celebró en grande el centenario del nacimiento de esta leyenda y no es para menos. Pocos artistas han tenido el orgullo de representar a nuestro país a nivel internacional llevando nuestras costumbres y tradiciones a través del arte. Y la maestra Hernández lo consiguió. Independientemente de las opiniones a favor o en contra de su singular estilo, ella logró que nuestras danzas trascendieran fronteras por medio de su Ballet Folclórico de México, que sigue siendo una referencia obligada en la historia dancística mexicana.

La historia de la creadora es sinónimo de años de trabajo y de pasión, de coraje para vencer obstáculos e incomprensiones hacia su propuesta renovadora del folclor mexicano. La danza llegó a su vida cuando era muy pequeña: tenía tan sólo ocho años cuando le dijo a su padre que quería bailar, pero Don Lamberto Hernández era un militar y político de relieve que se regía por un medio social y familiar muy estricto. No obstante, le permitió a su hija incursionar en el lenguaje del cuerpo en movimiento, así que le consiguió tutores y tutoras que tuvieran una categoría digna del nivel que su casa y posición ocupaban en la sociedad.

Amalia tuvo una formación envidiable. Recibió las enseñanzas de grandes como el profesor Sybine, bailarín principal en la Compañía de la Pavlova, y a Madame Dambré, de la Ópera de París. Más allá del ballet clásico, también aprendió de la gran bailarina española "La Argentinita” y de Waldeen, prestigiada bailarina y coreógrafa norteamericana de danza moderna.

La coreógrafa se convirtió en una esponja que absorbió toda la experiencia de los consagrados: aprendió todos los moldes de la danza, los estilos y los géneros. Sin embargo, nada colmaba ni expresaba sus emociones, hasta que descubrió que su gran pasión eran las canciones y los bailes que escuchó y observó en la finca de su padre. Fue así que Amalia explotó su orgullo mestizo y su mexicanidad a través de la danza folclórica.

Para fortuna de las nuevas generaciones, la bailarina ingresó al INBA como maestra y coreógrafa de danza moderna. Después de compartir su experiencia, decidió abandonar dicha instancia en 1952 para formar su propio ballet y presentar, en completa libertad, programas de bailes folklóricos mexicanos. De Amalia hay que reconocer su tenacidad. Y es que en un principio su proyecto fue muy pequeño, con el cual entró a la batalla artística. Sin embargo, más adelante su esfuerzo se vería recompensado, ya que se le ofreció un programa semanal de televisión donde ella tenía que crear, poner coreografía y bailar nuevos ballets cada semana.

A partir de ahí comenzaría a sumar éxitos. El Departamento de Turismo pidió a la coreógrafa que llevara a su ballet, con representación oficial, a otros países del continente. Dichas visitas culturales fueron tan positivas que, después de una triunfal presentación en los Juegos Panamericanos de Chicago (1959) el presidente López Mateos ofreció a su grupo todo el apoyo necesario para crear para México "uno de los mejores ballets del mundo". Esto fue una gran victoria de la artista en su lucha por obtener el reconocimiento nacional para su Ballet, mismo que se refrendó al haber sido escogido como representante oficial del Gobierno Mexicano en el Festival de las Naciones de París (1961).

Su ballet logró ser programado semanalmente para presentar su espectáculo en el Palacio de Bellas Artes después de la exhibición que se hacía de la famosa cortina de cristal al turismo todos los domingos. Y fue a partir de octubre de 1959 que comenzaron sus funciones permanentes. Para sorpresa de muchos, las presentaciones iniciales del Ballet tuvieron una acogida tan grande que el propio director de ese entonces del INBA, Celestino Gorostiza, ofreció a su directora otro horario más para los miércoles por la noche. Desde entonces hasta hoy en día, el Ballet Folclórico de México de Amalia Hernández se presenta ininterrumpidamente en el máximo recinto cultural de nuestro país. –