Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza




MARIO MAYA, ICONO DEL FLAMENCO MUNDIAL

Por Gabriela Jiménez Bernal

Durante más de medio siglo se mantuvo como un icono dentro del universo del flamenco. Y es que pocos, muy pocos, supieron rescatar la esencia de este género e interpretarlo en el escenario con pulcritud.

El maestro Mario Maya (1937-2008) lo consiguió y con creces. Sin lugar a dudas, fue una figura trascendental en la evolución, ejecución y promoción de esta danza, no obstante que se retiró de los escenarios una década antes de morir; logró mantenerse vigente compartiendo su experiencia con las nuevas generaciones y creando grandes espectáculos.

Córdoba lo vio nacer en 1937, aunque vivió desde muy niño en Granada. Su incursión en este género fue en principio por necesidad, ya que la pobreza de la posguerra lo obligó a bailar frente a los turistas para ganar dinero. Sin embargo, con el paso del tiempo, descubrió que quería ser bailaor profesional.

Tal decisión lo motivó a participar con varios exponentes del flamenco español y en 1960 viajó a Nueva York, para aprender las tendencias contemporáneas en teatro y danza. A partir de ahí, forjó una fructífera trayectoria: hizo viajes, creó infinidad de coreografías, recibió la distinción de la creación del Premio Nacional Mario Maya y tuvo varios nombramientos, como director del Centro de Artes Escénicas de Granada. Entre sus galardones sobresale la Medalla de Andalucía.

Uno de sus grandes espectáculos fue Ceremonial, con texto de Juan de Loxa; la crítica lo consideró el primer intento de nuevo teatro flamenco. Otras coreografías suyas relevantes son Camelamos naquerar, con libreto de José Heredia Maya; Ay, jondo, con coplas y poemas de Juan de Loxa; Amargo, sobre poemas de García Lorca; y Tiempo, amor y muerte, con música de Pablo Muela y J. A. Rodríguez.

Su labor como docente fue fundamental, no obstante que no fue de su completo agrado, ya que las clases académicas le resultaban complejas y pesadas, más aún cuando no había alumnos talentosos. Aunque prefirió ser creador que enseñador de pasos, el maestro Maya nunca se negó a compartir su experiencia; en los últimos años los hizo en su Centro Flamenco de Estudios Escénicos, ubicado en España y en diversos países donde fue invitado a dar cátedra.

Uno de los grandes principios que promovió el maestro Maya en la academia fue: “El flamenco tiene un sentido estético musical y de buen gusto, no es sólo una incoherente secuencia de pasos”.

En ese sentido, para él la formación de un bailarín tiene que ser completa, es decir, que sea dancística en toda su formación musical e intelectual. De esa forma, se tienen los elementos necesarios para desarrollar los personajes que el coreógrafo indique. El maestro siempre motivó a reflexionar acerca de la técnica, ya que no sólo de ésta se vive. Para él, la técnica es un medio, no un fin. Así que no debe convertirse en un obstáculo que impida la erupción pasional que exige el flamenco.

Mario Maya sigue vigente. Más vivo que nunca. El retiro no significó una tragedia para él. Reconoció y aceptó el paso del tiempo y las deficiencias físicas. Lo mantuvo la misma pasión que le atrajo del flamenco y la ilusión de que existen infinidad de jóvenes que anhelan aprender este género por convicción y no por moda.