Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza




Nellie Campobello, embajadora de la danza indígena mexicana

Por Gabriela Jiménez Bernal

Fue de las primeras mujeres que mostró una verdadera preocupación por rescatar y promover nuestras danzas indígenas a través de sus coreografías. Fue Nellie Campobello (1909-1986), quien dedicó gran parte de su vida a la investigación y la enseñanza del baile autóctono mexicano. Por esa razón, su nombre es una referencia obligada en la historia dancística de nuestro país.

En el medio cultural y artístico mexicano, es conocida como Nellie Campobello, pero su verdadero nombre fue Nellie Francisca Ernestina Campobello. Era originaria del municipio de Villa Ocampo, Durango. Hay que señalar con justa razón los esfuerzos que hizo por sobresalir en su medio, ya que sus primeros años de vida transcurrieron en un ambiente hostil de lucha revolucionaria.

Impulsada por sus deseos de superación, viajó a Parral, Chihuahua, donde comenzaría su formación en el mundo de las letras. Después de trasladarse a la capital del estado norteño, también viajó a Laredo, Texas. Fue a sus 18 años de edad, cuando pudo demostrar profesionalmente su talento no sólo en el ámbito de la literatura, sino en la danza.

Nellie Campobello supo fusionar perfectamente sus dos oficios: la danza y la literatura. Muestra de ello fue Ritmos Indígenas de México (1940), donde recopila coreografías de gran apoyo a los grupos de danza. Pero el gremio dancístico la recuerda con mayor cariño por su aporte al arte del cuerpo en movimiento, ya que además de ser una reconocida bailarina y coreógrafa, fue una incansable luchadora a favor de esta disciplina desde su trinchera como directora de la Escuela de Danza del INBA, donde dedicó gran parte de su tiempo a la investigación y la enseñanza del baile autóctono mexicano.

Por lo que se refiere a su legado impreso, hay que señalar que gran parte de sus obras reflejan su viva, en especial la novela Las Manos de Mamá, publicada en 1937. Otros trabajos importantes son los poemas que reunió bajo el título Yo.

Su pasión por el arte jamás la hizo desatenderse de su inquietud social. En 1931 publica una novela de vivencias revolucionarias: Cartucho. Siguiendo la misma línea de la lucha armada y las investigaciones que realiza sobre el Centauro del Norte, publica Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940) y Mis libros (1960), que contó con las ilustraciones del pintor y muralista José Clemente Orozco.

Muchas cosas se han dicho acerca de su desaparición a lo largo de 13 años y sobre muerte. Siguen siendo un misterio. Lo único cierto es que fue una mujer clave para la revaloración de nuestro folclor. Y eso no podemos olvidarlo.