Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza



Fragmento del libro Cuerpos en Vilo

Carlos Ocampo, el hombre que le puso palabras al movimiento

Por Gabriela Jiménez Bernal

No hay duda. Carlos Ocampo (1954-2001) es uno de los mejores críticos de danza que ha tenido México. Sus comentarios iban más allá de la simple opinión. Por eso, sin temor a equivocarse, muchos colegas y bailarines han dicho que fue el hombre que le puso palabras al movimiento.

Fue hace 17 años cuando el gremio dancístico perdió a Carlos Ocampo, un personaje difícil de reemplazar. Pero queda su legado: críticas agudas y reflexivas, así como su esencia: un hombre con humor, inteligente, autocrítico y con una capacidad de análisis envidiable. A ello se suma su gran labor de difusión e investigación dentro de esta manifestación artística.

La gran particularidad de este hombre es que fue un espectador apasionado de lo que veía y se inspiraba en lo que el mismo bailarín se inspiraba. De ahí nacían sus artículos, ensayos, poemas e historias conmovedoras y realistas que hoy por hoy conforman un testimonio para la historia.

En el campo del periodismo cultural, Carlos Ocampo desarrolló una actividad incesante en el terreno de la plástica, cine, teatro y danza. Colaboró con sus críticas durante más de un decenio en El Día, Siempre, El Financiero y Reforma, además de ser editor de la revista Zona de Danza, que dirigía Mabel Diana. Trabajó como investigador en el CENIDI-Danza José Limón del INBA.

También escribió varios libros, como Si ves pasar un cóndor (Premio Juan de la Cabada) y Cuerpos en vilo, que recoge sus comentarios en torno a la producción coreográfica contemporánea e independiente. En doce capítulos, el autor analiza coreografías de los años cincuenta y principios de los sesenta, y los Grupos que emergieron en los ochentas, tales como Antares, Barro Rojo, Contempodanza, Contradanza, El Cuerpo Mutable, Púrpura, Teatro del Cuerpo Utopía, UX Onodanza, y Pilar Medina.

Esta obra es relevante porque plantea la urgencia de que todos los coreógrafos y bailarines reflexionen sobre su quehacer. De hecho, comparte una preocupación sobre los cuerpos en el fin de milenio: "Los imagino impregnados de incertidumbre, saturados de contradicciones. Son cuerpos que ansían libertad irrestricta pero le temen a la soledad que implica el libre albedrío llevado a la demencia de sus límites extremos", escribió.

Los bailarines del gremio mexicano siempre han reconocido las cualidades del periodista, ya que se centraban en escudriñar en su interior y dialogar con sus emociones. Creían que sus notas periodísticas estaban impregnadas de humanidad.

Por ejemplo, Cecilia Appleton, de Contradanza, comentó en su momento que las observaciones de Ocampo estaban impregnadas de humanidad. En tanto que Francisco Illescas, de Barro Rojo Arte Escénico, ha reconocido del crítico el sentido del humor manifestado en la ironía de dejar sendos volúmenes para un gremio que no lee. Mientras Silvia Uzueta, del Grupo Púrpura, siempre estará agradecida porque con sus testimonios los rescató del olvido.

Por su parte Cecilia Lugo, de Contempodanza, se ha sentido en la orfandad con la ausencia de Carlos Ocampo, mientras que Leticia Alvarado del grupo Tandem, siempre ha reconocido la sensibilidad y elocuencia que él tuvo hacia el incomprensible y suicida acto de los coreógrafos.

Sin lugar a duda, se añora la calidez y mirada de Carlos Ocampo.