Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza



Foto: Cortesía de la Revista electrónica Imágenes del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. 2018

Guillermo Arriaga, figura masculina que enalteció la danza contemporánea

Por Gabriela Jiménez Bernal

Cuando la figura masculina apareció en la escena dancística ocasionó gran revuelo, ya que en el pasado este oficio se asociaba sólo con las mujeres. Sin embargo, poco a poco los hombres demostraron que eran piezas fundamentales dentro de esta disciplina y que tenían gran capacidad interpretativa y creativa.

México ha legado al mundo grandes exponentes de la danza, siendo uno de ellos el maestro Guillermo Arriaga (1926-2014), un hombre incomparable no sólo porque fue uno de los pioneros de la danza contemporánea, sino porque fue un artista en toda la extensión de la palabra, porque a lo largo de su vida supo combinar su quehacer de bailarín y coreógrafo, con la de escritor de poesía y canciones, así como un estudioso del teatro, la música y la arqueología.

Cuando uno se refiere al maestro Arriaga, hay que quitarse el sombrero. Y es que fue un creador que legó su talento y conocimiento a la cultura mexicana. Tan sólo basta mencionar que, gracias a su trabajo, por primera vez la danza figuró en la Academia de las Artes, ya que, en 2001, el coreógrafo ingresó a esta importante institución cultural fundada en 1968. Sobre este hecho histórico, el maestro llegó a decir que a pesar de ser una disciplina que ha servido como embajadora de México en el mundo, no ha sido muy tomada en cuenta y se ha visto “como el patito feo de las artes”.

Su llegada a la danza fue un tanto tardía, tenía 23 años cuando tomó sus primeras clases de danza moderna con la agrupación más importante de ese entonces: el Ballet Nacional de México.

El coreógrafo vivió lo que muchos artistas de generaciones venideras hubieran deseado experimentar: estudiar con grandes exponentes de la danza como Waldeen, José Limón, Doris Humphrey, Margaret Craske, La Meri y Myra Kinch. Sus estudios musicales los cursó con Pedro Minchaca y José Sabre Marroquín, y los teatrales con José Ignacio Retes, Seki Sano y Fernando Wagner (sobre mecánica teatral aprendió de Julio Prieto y Antonio López Mancera). También se interesó en la historia del arte, por lo que recibió asesoría de José Rojas Garcidueñas. En lo que respecta a la arqueología compartió con Diego Rivera y Miguel Covarrubias.

Su gran talento lo hizo despuntar, así que sus esfuerzos comenzaron a ser recompensados. Desde 1950 hasta 1951 obtuvo una beca para estudiar en la Ópera de París con Leonide Massine.

A partir de entonces, puso énfasis en el trabajo creativo e hizo su primera coreografía, "El sueño y la presencia". Muchas obras le siguieron: "Romances y Fronteras" (1954), "Cuauhtémoc" y "Feria y Fauno" (1956) entre otras. Sin embargo, hubo una en especial que lo hizo sobresalir en la escena dancística mundial que, hoy en día, sigue siendo un referente clave en la historia de la danza mexicana: "Zapata".

Esta coreografía se estrenó el 10 de agosto de 1953 en el Teatro Nacional Studio, dentro del Cuarto Festival Mundial de la Juventud, en Bucarest, Rumania. Dos meses después se presentó por primera vez en México. Muchos críticos y entendidos de la época consideraron a “Zapata” como una obra maestra de la era dorada de la danza moderna mexicana. Tuvo más de 2 mil representaciones y contó con la música de José Pablo Moncayo y escenografía de Miguel Covarrubias.

Otros de sus grandes aciertos fueron sus colaboraciones con Waldeen en el Ballet de Cámara (1954), con Ana Mérida en el Ballet Mexicano (1956-1958) y con Amalia Hernández en el Ballet Folklórico de México (1960). Además, fundó el Ballet Popular de México (1957-1963) y en 1964 dirigió el Conjunto Folklórico Mexicano del IMSS, con el cual realizó una gira por los Estados Unidos, Israel, Alemania, Portugal, Filipinas y Hong Kong. También creó con Alejandro Jodorowsky el primer grupo de mimos mexicanos.

Fuera de los escenarios, el maestro Arriaga también tuvo una actuación destacada, ya que fungió como gerente de convenios culturales y educativos en el Fondo Nacional para las Actividades Sociales (Fonapas) e instituyó el Premio Nacional de Danza. También se desempeñó como director de danza del INBA.

Un hombre de su categoría gozó de un sinfín de reconocimientos nacionales e internacionales: obtuvo el Premio Latinoamericano de Danza otorgado en Chile, fue nombrado el coreógrafo y bailarín más destacado en 1957 por la prensa venezolana, ganó el primer Premio en el Festival Musical de Israel en 1964, la Medalla de Oro otorgada por el presidente Adolfo López Mateos en 1963 y la medalla Una vida en la danza del INBA en 1990. En 1995 recibió el premio Guillermina Bravo en el Festival de la Danza Contemporánea de San Luis Potosí, mientras que en 1996 obtuvo el IX Premio Nacional de Danza José Limón en Culiacán, Sinaloa.

Asimismo, recibió un homenaje por sus 70 años, se montó una exposición gráfica Vida y Obra de Guillermo Arriaga, y se hicieron varias versiones de “Zapata” que fueron presentadas en una función especial en el Teatro de la Danza. En diciembre de 1999 fue nombrado miembro titular del Seminario de Cultura Mexicana y en ese mismo mes se le otorgó el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de las Bellas Artes.