Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza




JOSÉ LIMÓN, MEXICANO QUE TRASCENDIÓ FRONTERAS

Por Gabriela Jiménez Bernal

Larga es la lista de intérpretes que a lo largo de la historia de la danza mexicana han querido sobresalir no sólo en su propia tierra, sino en el ámbito internacional. Varios son los hombres y mujeres que han representado con orgullo a nuestro país en el mundo; sin embargo, hay un nombre que merece especial reconocimiento porque supo convertirse en una leyenda dentro y fuera de nuestras fronteras.

Ese personaje fue el bailarín José Limón (1908-1972), considerado un pilar de la danza moderna. Si bien podemos decir que fue orgullosamente mexicano, hay que reconocer que su figura va más allá de nacionalismos, ya que fue, es y seguirá siendo trascendental en la danza mundial, sobre todo en Estados Unidos, donde compartió durante mucho tiempo su experiencia como formador de nuevas generaciones de bailarines.

Culiacán, Sinaloa fue el lugar que vio nacer a este gran personaje, quien fue protagonista de un sin fin de historias que determinaron su vocación. Su padre fue músico, tocaba clarinete y dirigía la Banda municipal de la capital sinaloense. Desafortunadamente, la Revolución contra Victoriano Huerta hizo que la familia de José Limón se expatriara, radicándose en Arizona. Más tarde se asentaron en Los Ángeles.

Tras el paso de los años y una intensa formación dancística, vino la consagración definitiva del sinaloense, que en su momento fue considerado como el mejor bailarín del mundo, recorriendo casi todos los países y aclamado por diferentes públicos.

La originalidad de su estilo surgió de la influencia que recibió de tres grandes culturas y que supo fusionar en escena: la española, la azteca y la americana; de esta rica herencia se derivó un porte elegante y su actitud sencilla y humana ante el arte y la vida.

Muchos son los logros y aportes de Limón. Uno de ellos ocurrió en tierras europeas, específicamente en París, donde formó parte de la Compañía de Danza de Ruth Page. Ya en territorio norteamericano obtuvo su primer triunfo internacional, en lo que se llamó Les Vallets Americains, en Chicago. Y en 1957, doce años antes de dejar su carrera como bailarín, el sinaloense recibió su segundo premio llamado "Dance Magazine Award".

Si bien la figura del mexicano brillaba en las marquesinas internacionales, era simbólico que regresa a su patria. Por ello, resulta inolvidable el año de 1958 cuando, bajo el patrocinio de la Embajada de los Estados Unidos, se presentó con su Compañía de Daza Moderna en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y recorrió América Latina.

La vida de José Limón terminó en 1972 a causa del cáncer que padecía. No obstante, sigue siendo una referencia y una leyenda porque su aporte a la danza fue crucial. Por un lado, su nombre sigue presente a través de la organización José Limón Dance Foundation, que fundara él mismo en 1968.

Por otro lado, su estilo sigue haciendo vibrar a nuevos públicos por medio de uno de sus grandes legados: la Limón Dance Company, compañía estadunidense que ha logrado preservar y difundir el legado de este personaje, además de enriquecer su quehacer con la participación de coreógrafos de diversas latitudes.

A sus más de 70 años de vida, esta Compañía ha demostrado que el trabajo de José Limón ha trascendido el tiempo: la expresión dramática y maestría técnica que caracterizaron la propuesta del bailarín se ha mantenido vigente. Quien fuera directora de esta agrupación, Carla Maxwell (quien trabajó muy de cerca con el mexicano antes de convertirse en directora artística del grupo en 1978) llegó a comentar en su momento que no imaginaba el escenario de la danza norteamericana sin José Limón.

Maxwell dijo: “Sin él, la danza actual no sería la misma, porque fue un pilar en la danza moderna. Además, brindó una visión diferente de lo que tenía que ser un hombre bailarín: hacía un retrato de un hombre completo que es capaz de proteger a una mujer, pero al mismo tiempo con la gracia y sensibilidad para danzar en el escenario”.