Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza



Foto: Miguel Ángel Medina

Magnolia Flores, incansable promotora de la danza

Por Gabriela Jiménez Bernal

Tiene 90 años y su pasión por la danza se mantiene intacta, como aquel día en que tuvo contacto por primera vez con esta disciplina artística. Pasan los años y la maestra Magnolia Flores sigue amando este arte porque le ha dado la fortaleza para seguir no obstante las vicisitudes.

León, Guanajuato fue la ciudad que vio nacer a esta incansable promotora de la danza un 7 de junio de 1931. Sin lugar a duda, sus orígenes fueron cruciales para el camino que iba a tomar dentro de las bellas artes, ya que nunca le impusieron una profesión.

Si bien ella y sus hermanos quedaron huérfanos muy pequeños, recuerda que siempre estuvieron rodeados de artistas porque su mamá fue una periodista muy activa. El acercamiento con este sector de la población fue determinante porque se sensibilizó a ciertas manifestaciones, en especial por las artes plásticas y luego la danza.

Su pasión por las primeras pudo desarrollarla como estudiante de artes plásticas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, donde contó con la asesoría de los maestros Enrique Assad y Benito Messenguer. Mientras que su gusto por el arte del cuerpo en movimiento lo acrecentó tomando clases en el Ballet Nacional de México y en la Casa del Lago, donde tuvo a grandes maestros como Carlos Gaona y el propio Raúl Flores Canelo.

Jamás imaginaría que este último se convertiría después en su pareja de vida y de profesión, dentro de una de las compañías más emblemáticas de nuestro país: el Ballet Independiente (fundado justamente por el maestro Flores Canelo).

Y precisamente el Ballet Independiente ha sido el proyecto de vida de la maestra Magnolia. No obstante el cierre inminente de esta agrupación, se dice satisfecha de la contribución que ella hizo desde su llegada a la misma. Cómo olvidar su papel como asistente de dirección y después como coordinadora general. Cómo olvida su papel como directora general de la compañía desde 1992 tras la muerte de su marido. Siempre hizo todo lo posible por enaltecer el repertorio y que los bailarines lucieran en el escenario.

Con orgullo recuerda uno de sus grandes aportes: llevar cada año al Ballet Independiente a dar funciones en los reclusorios durante más de dos décadas, empezando por el Reclusorio Norte.

También sobresale su colaboración en la elaboración de vestuario y de artesanías populares junto con su esposo, el maestro Flores Canelo. La maestra Magnolia siempre ha puesto en práctica su pasión por las artes plásticas.

Debido a su entrega y experiencia, la maestra ha sido invitada a participar en proyectos de gestión cultural. Fue miembro del jurado para otorgar becas en el área de danza por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila (1994) y por el Instituto Zacatecano de Cultura (1996). Asimismo, fue secretaria de la Sociedad Mexicana de Coreógrafos (1993-2000) y fue invitada a formar parte del Consejo Consultivo de la Fundación Sebastian A.C.

Su incansable fervor por las artes plásticas la mantienen ahora activa como miembro de la Sociedad de Artistas Lúdicos, que fundara el pintor y muralista Alberto Carrasco Bretón.

Pero también su incansable fervor por la danza la mantiene atenta a todo lo que acontece en el quehacer dancístico nacional, porque no se imagina fuera de este mundo: “Si la vida no ofrece movimiento, entonces ¿para qué venimos a este mundo?” ha expresado en numerosas ocasiones esta gran mujer, quien no piensa en un retiro, sino en continuar ofreciendo algunas asesorías sobre el legado del fundador de Ballet Independiente.