Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza



Archivo Secretaría de Cultura.

FEDERICO CASTRO, hacedor incansable de la danza en México

Por Gabriela Jiménez Bernal

Pocos nombres logran sobresalir dentro del gremio dancístico mexicano después de haber estado en las filas de emblemáticas compañías. Muchos bailarines siguen viviendo bajo la sombra de ese pasado; sin embargo, el maestro Federico Castro (Acolman, Estado de México, 1954) supo tejer su propia historia y ocupar un lugar privilegiado dentro de la ejecución, la creación coreográfica, la investigación y la docencia.

Su legado es indiscutible. Muchos grandes de la danza lo han expresado, como la propia Guillermina Bravo, quien en vida dijo que el maestro Castro es una figura indispensable para la cultura dancística de este país. O como el crítico Alberto Dallal, quien ha dicho que el maestro Castro logró combinar a la perfección su labor como bailarín, como docente y como investigador.

Todo lo que se pueda destacar del maestro Castro ha sido posible por la entrega desmesurada que este hombre ha demostrado hacia este arte. Y es que siempre ha dicho que la danza ha sido la herramienta esencial que le ha permitido comunicarse con su entorno. Está convencido que hablar a través del cuerpo ha sido un privilegio que le ha dado la vida.

Castro formó parte de un grupo de jóvenes que encabezaron el llamado Movimiento Mexicano de Danza Moderna, que se registró entre 1940 y 1965. Él, al igual que muchos nuevos intérpretes, se mostró deseoso de aprender al máximo las enseñanzas de los grandes coreógrafos de la época, tales como Guillermina Bravo, Ana Mérida, Carlos Gaona, Eva Robledo, Evelia Beristáin y Josefina Lavalle, con el propósito de que algún día, en el futuro, pudiera trasmitir su propia experiencia con las nuevas generaciones de la danza.

Este hombre tuvo la fortuna de formarse en una de las Compañías más reconocidas: El Ballet Nacional de México. Fue aquí donde adquirió las bases necesarias en el terreno de la danza moderna y contemporánea. Además, fue ahí donde se convirtió en miembro fundador del Seminario de Danza Contemporánea de Ballet Nacional de México.

Por fortuna, su talento le permitió cruzar fronteras y prepararse más en la reconocida Escuela de Martha Graham, ubicada en Nueva York entre 1961 y 1982. En esa misma ciudad, también estudió la técnica Limón-Falcó en la propia sede de Louis Falco.

Federico Castro ha sido un creador incansable. No sólo se limitó a los géneros tradicionales, también se interesó en aprender otras danzas como las balinesas y el butoh, así como otros conocimientos en iluminación, apreciación musical y análisis teatral. La suma de estos conocimientos le ha permitido ser autor de más de 65 coreografías, la mayoría interpretadas por el ya desaparecido ballet de Guillermina Bravo.

Su incursión en la academia es invaluable. Ya desde sus inicios –cuando estudió en el Ballet Nacional de México- comenzó a formar a grupos de bailes populares y danza en la Escuela Normal para Maestros. Sobresale la creación en 1952 de un grupo de danza estudiantil cuyos integrantes tuvieron la oportunidad de recibir clases con grandes maestros como Waldeen: Grupo Mexicano de Danza de la Escuela Nacional de Maestros. Fue en 1959 cuando el maestro Castro decidió ser maestro de danza, un oficio que jamás ha abandonado. (ha ofrecido cursos de manera particular en Cuba). Quienes lo conocen, aseguran que es uno de los mejores exponentes de la técnica Graham.

Su experiencia en el mundo de la danza ha sido compartida en su rol como docente en las máximas escuelas de este arte, como la Academia de la Danza Mexicana, el Centro Nacional de Danza Contemporánea, la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea y la Universidad de Puebla.

Sin lugar a duda, su paso por Cuba ha sido crucial dentro de su vida persona, y profesional. De 1984 a la fecha ha visitado la isla por periodo de dos meses cada año impartiendo cursos de Técnica Graham y coreografía. Por toda su valiosa contribución al desarrollo de la enseñanza artística cubana es que ha recibido muchas condecoraciones en ese país, como la distinción Espejo de Paciencia” Obra Prima de las Letras Cubanas que la dirección provincial de Cultura de Camaguey otorga como símbolo para homenajear y reconocer méritos en el desarrollo de la cultura de Camaguey y la Nación.

El año de 1983 fue determinante para él, se retiró de los escenarios como bailarín; sin embargo, su nombre se mantiene vivo porque es un personaje que ha dado su vida por y para la danza. Uno de los proyectos que le da grandes satisfacciones en la actualidad es el Grupo Los Constructores Danza Contemporánea, que tiene gran actividad dentro de la Escuela de Artes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, y donde el maestro ha podido desplegar toda su creatividad, talento y experiencia.

Por su dedicación, el maestro ha sido merecedor de incontables reconocimientos y distinciones. Entre ellos, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura) le brindó un reconocimiento por sus 35 años de trayectoria y lo ingresó como miembro al Sistema Nacional de Creadores de Arte, donde aún permanece.

También se le ha rendido homenaje por sus 35 años de colaboración con el Ballet Nacional de México, ha recibido los premios “Una Vida en la Danza”, el Nacional José Limón y el Raúl Flores Canelo y la Universidad Autónoma de Querétaro lo ha reconocido por sus 50 años de trayectoria artística.

Por fortuna, toda su vida y obra ha quedado plasmada en papel: Federico Castro, del origen de la danza a la danza contemporánea en México, libro de la investigadora Ana Cristina Medellín Gómez de la Universidad Autónoma de Querétaro.