Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza




Raúl Flores Canelo: Icono de la mexicanidad en la danza contemporánea

Por Gabriela Jiménez Bernal

La figura masculina en la historia de la danza es trascendental. Pocos bailarines han logrado imponer su estilo y dejar una huella imborrable. Uno de ellos fue Raúl Flores Canelo (1929-1992), cuyo legado va más allá del tiempo, tanto, que hoy sigue siendo una referencia obligada en la historia.

Habría que recordar que, desde sus inicios, Canelo logró sobresalir. Fue un bailarín muy cotizado que formó parte de las filas del Ballet Nacional de México, dirigido por la maestra Guillermina Bravo. Ahí aprendería las bases que lo llevaron a convertirse en uno de los pilares de la danza contemporánea de nuestro país.

Su estilo fue único, tanto, que uno de los mejores críticos de México, Alberto Dallal, comentó en su momento que los jóvenes coreógrafos mexicanos estaban comenzando a implementar imágenes y movimientos del México prehispánico, cuando Flores Canelo ya las había buscado, encontrado y llevado a escena desde los años sesenta. Por esa razón, el principal valor de este bailarín coahuilense fue haber introducido la mexicanidad en la danza contemporánea.

Raúl Flores Canelo es quien le quita lo amigajonado a la danza contemporánea, sus obras llegan al pueblo porque de ahí provino; retrató a personajes de su entorno: al cantinero, al carpintero, y los sacó en sus coreografías. No trató de poner a los grandes personajes, fue un coreógrafo básicamente popular. La inspiración de Raúl era que sabía hacer trascender las clases populares por medio de la danza.

Muchos fueron los elementos que marcaron la trayectoria del coreógrafo mexicano: abordaje de temas con sentido del humor, así como símbolos y estilos que reflejaban su propia experiencia. Tenía gran sensibilidad para transmitir sutilezas, erotismo y emociones.

Su pensamiento no estuvo enfocado a los públicos de otros países o en tratar de ser universal como coreógrafo, fue capaz de dirigirse a públicos provincianos que compartían una idea de lugar que traspasaba de alguna manera la ubicación clasista.

Una de sus grandes coreografías legadas a la danza mexicana es La espera, una búsqueda que no se queda en el nacionalismo acartonado, pues Flores Canelo superó la visión de lo mexicano, anacrónica y demagógicamente. Es una pieza donde se logra una fusión sui géneris de música, danza, palabra, iluminación, vestuario y dramatismo.

Flores Canelo fundó Ballet Independiente en 1966, grupo que aún conserva la capacidad para dialogar en un lenguaje cercano al público y a la vez impulsa la creación experimental.

Algunos de sus grandes amigos fueron Alberto Beltrán, Leopoldo Méndez, Francisco de la Maza, Efraín Huerta, Elías Nandino, Carlos Pellicer, Jaime Sabines, Alberto Domingo y Froylan López Narváez, entre otros.

Se dice que Flores Canelo se identificaba mucho con López Velarde en lo provinciano y silencioso y en la manera de observación y visión que tenían de la vida. Al igual que el poeta, Canelo sentía y jugaba con la vida y la muerte, todo en él era acorde con lo que el escritor sentía. En su trabajo Velarde hablaba de la Revolución Mexicana de 1910 de la misma manera que lo hacía el coreógrafo. Entre ambos se dio una muy fuerte corriente de identidad y creatividad.