Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza




Martha Bracho, piedra angular de la historia de la danza nacional

Por Gabriela Jiménez Bernal

Si a alguien se le debe la construcción de cimientos firmes que han mantenido vigoroso el movimiento dancístico contemporáneo en México es a la maestra Martha Bracho (1927-2019). Fue una figura imprescindible en la historia de este arte ya que, desde sus diversas trincheras como bailarina, coreógrafa, docente y directora, luchó incansablemente por darle un lugar privilegiado a esta manifestación que se abría camino.

Fueron siete décadas de entrega apasionada a la danza, demostrando que era una mujer sensible y al mismo tiempo una guerrera que tuvo que enfrentarse a muchos obstáculos personales, profesionales y sociales para sobresalir como una gran hacedora de este arte.

Su empatía con las disciplinas artísticas ocurrió desde la infancia, cuando su tía la involucró en el mundo sonoro, tomando clases de vocalización y música. Sin embargo, la danza iba a ser su forma de vida, formándose en una de las instituciones más emblemáticas de nuestro país: la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, donde tuvo a grandes maestros que compartieron con ella su experiencia, como la misma Nellie Campobello o Luis Felipe Obregón, referentes de este arte en tierra azteca.

La maestra Bracho siempre quiso dar un paso más. Así que no le bastó con formarse como bailarina y realizar una carrera de Danza Cultural en la SEP. Estudió para ser una gran maestra, lográndolo dentro de la primera generación que se graduó en 1937 en la Escuela Nacional de Danza. Además, también se interesó por la creación; su imaginación estaba potenciada, creía en la capacidad expresiva del cuerpo más allá del rigor técnico, así que tomó cursos de coreografía con otras leyendas, como José Limón, Doris Humphrey y Lucas Hoving.

Ella fue de las pocas que tuvo el privilegio de estar junto a un icono mundial: Anna Sokolow. Fue en la compañía de esta figura -el Grupo Mexicano de Danza Clásica y Moderna-, que la maestra Bracho debutó de manera profesional, convirtiéndose en una de las primeras intérpretes de contemporáneo en nuestro país.

Todo el talento, profesionalismo y pasión que caracterizaron a la maestra Bracho le permitieron ser parte de grandes compañías nacionales e internacionales. Mención especial es para sus participaciones en temporadas en el Palacio de Bellas Artes.

Pero el mayor legado de esta prolífica mujer se registró en Sonora, donde residió la mayor parte de su vida y donde tuvo que arar una tierra que aún no era fértil para este arte, por ende, tuvo que sembrar la semilla de la danza para ver crecer los frutos. Esta entidad del norte de México le debe a la maestra Bracho todo el movimiento dancístico que existe en la actualidad. No por nada se le considera la primera bailarina y maestra de tierras sonorenses. Por si fuera poco, fundó la Academia de la Danza de la Universidad de Sonora.

Sólo una mujer con esta vasta trayectoria podía ser merecedora de importantes reconocimientos. Cómo olvidar la placa con su nombre que se puso durante el aniversario 30 de la Academia de la Danza Mexicana (1984), o la medalla en el Homenaje una Vida en la Danza (1985). Los más recientes fueron el Premio Nacional de Danza José Limón en 2008 por su contribución como pionera de la danza contemporánea en México y la exposición “La danza mi vida; la Universidad, mi casa”, una muestra de 50 imágenes que retrataron la vida de esta gran mujer por las aulas y escenarios de la Universidad de Sonora.