Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza




Josefina Lavalle, eterna vigilante de la danza contemporánea

Por Gabriela Jiménez Bernal

Una inolvidable anécdota definió la carrera de la ex bailarina y coreógrafa mexicana Josefina Lavalle (1924-2009). Todo inició cuando siendo muy joven, vio por primera vez en el escenario a Waldeen, quien ejecutaba magistralmente coreografías con los pies descalzos. Eran los inicios de la danza moderna.

Desde ese momento, Lavalle decidió su camino. Encontró en esta manifestación artística un medio de expresión inigualable. Su eterna entrega la ha convertido en una de las leyendas vivientes de este periodo dancístico.

Su formación fue la Escuela Nacional de Danza. Ahí estudió ballet clásico, danzas regionales y bailes españoles. Los especialistas comenzaron a descubrir su talento, así que muy joven fue invitada a formar parte del Ballet de Bellas Artes, primera Compañía oficial de danza moderna, dirigia por Waldeen Falkenstain.

La carrera fue en ascenso. Fue cofundadora de la Academia de la Danza Mexicana del INBA creada por Carlos Chávez, donde inició su vida profesional como primera bailarina y coreógrafa. Además, fungió como directora de la Academia de la Danza Mexicana en dos periodos: de 1959 a 1969 y de 1972 a 1978.

Pocos como ella pueden presumir de haber tenido como maestros a grandes figuras de la danza mundial, como Waldeen, Xavier Francis, Anna Sokolow, Merce Cuningham, José Limón y Nelsy D’ambré.

Su creatividad está materializada en más de cuarenta piezas coreográficas, entre otras, Juan Calavera, La maestra rural, Informe para una Academia, Danza para Cinco Palabras, Sueño de un domingo por la tarde en la Alameda, Cambio de Tiempo y Corrido. A ello se suma la autoría del video La Coronela (1940) Punto de partida y de los libros En busca de la Danza Moderna: dos ensayos, así como En busca de la danza moderna mexicana, cuyo contenido gira en torno de Waldeen.

No obstante que la danza moderna la cautivó, Lavalle demostró su preocupación por otros géneros. Por ello, se convirtió en fundadora y directora del Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana (FONADAN), centro de recopilación e investigación de la danza indígena tradicional.

Su legado también abarcó otras áreas. Como licenciada en Educación Artística, colaboró en múltiples actividades como asesora artística y académica en la Subdirección General de Educación e Investigación Artística (SGEIA) del INBA. Si bien en los últimos años de vida su nombre no figuró en los escenarios, su talento lo canalizó en el terreno de la investigación. Sobresale su participación como especialista del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón.

Lavalle seguirá formando parte de una época inolvidable, la del nacionalismo, cuando despuntó la obra de los grandes muralistas como Rivera y Siqueiros. Nunca negó que su profesión fuera fácil. Ella misma hizo sacrificios de tiempo con los seres queridos y padeció daños físicos. Y es que este género requería que los intérpretes bailaran con los pies descalzos y muchas veces se lastimaban, porque hasta en la tierra se presentaban.

No obstante las complicaciones, siempre salió adelante. Y por su gran entrega a la danza, fue merecedora en varias ocasiones de la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Asimismo, recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes, por cerca de 70 décadas vividas por y para la danza. Con este reconocimiento, se hizo justicia una vez más a su entrega.