Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza



© Marcel Imsand – Musée de l’Elysée, Lausanne

MAURICE BÉJART, LEYENDA DE LA DANZA MUNDIAL

Por Gabriela Jiménez Bernal

Es una leyenda viva de la danza. Es una referencia obligada en todo el mundo. Ha dejado una huella incomparable dentro de la historia de esta manifestación dancística. Su nombre, Maurice Béjart (1927-2007) Un icono en el mundo dancístico. Un innovador del siglo XX.

Quienes siguieron con lupa su trayectoria como bailarín, coreógrafo y director de su propia Compañía, han resaltado la riqueza de su propuesta, que fue ecléctica, enriquecida con música contemporánea espectacular y sobre todo cargada de un gusto cosmopolita.

En su lugar de origen, Francia, dio un impulso diferente al movimiento dancístico. De hecho, se considera que él abrió las puertas del ballet a un público que no era experto, es decir, no creía que la danza clásica fuera para una élite, sino que podía ser para las masas. En su momento, cambió el tutú por leotardos y jeans, revolucionando así el ballet europeo con su estética e innovadora técnica.

Por esa razón, Béjart se convirtió en una de las personalidades francesas más conocidas en la Tierra. Y no fue para menos, sus bases fueron muy sólidas. Su formación en la danza clásica fue a lado de iconos como Madame Egorova, Madame Roussane y Léo Staats.

Su carrera profesional la inició con grandes figuras, como Jamine Charrat y Roland Petit. Fue en 1949, durante una gira con el Ballet Cullberg, cuando descubrió la expresividad coreográfica que hasta hoy lo mantiene como un emblema de la danza.

Después, estrenó su primera pieza: Sinfonía para un hombre (1955) con su Compañía Ballet de I’ Etoile. Con esta coreografía, descubrió a dos grandes compositores: Pierre Henry y Pierre Schaeffer, cuya música lo hizo pensar en la búsqueda de un nuevo lenguaje de la danza.

Más adelante, en 1960, fundó el Ballet del Siglo XX estrenando las obras Boléro (1961) y Messe pour le temps présent (1967). Hasta 1987, esta agrupación cambió su nombre a Béjart Ballet Lausanne. Al mismo tiempo, creó una fundación destinada a la promoción de actividades relacionadas con el arte de la danza. Durante este tiempo, hizo creaciones emblemáticas: Le Presbytére, La route de la soi y Á propos de Shéhérazade.

No hay que olvidar su labor como docente. Compartió su experiencia a través de sus dos escuelas: Mudra, fundada en 1970 en Bruselas, así como Rudra, creada en 1992 en Lausanne.

Una de sus grandes enseñanzas está resumida en una frase que él mismo creó y que define lo que es la danza para él: “Un minimum d’ explication, un minimum d’ anecdotes, et un maximum de sensations” (un mínimo de explicación, un mínimo de anécdotas y un máximo de sensaciones).