Coordinación Nacional de Danza

Vidas en la danza



Pina Bausch, Paramount Studios, Hollywood, 1996
Foto: ©Peter Lindbergh

Pina Bausch, leyenda de la danza contemporánea mundial

Por Gabriela Jiménez Bernal

El título de leyenda se lo ganó con creces. Es indiscutible su aporte al arte dancístico universal. Fue un icono y por ello su nombre es reconocido en todas las latitudes donde ha llegado. No por nada, la crítica la ha calificado como la mejor coreógrafa del siglo XX.

Pina Bausch (1940-2009). Un nombre que lo dice todo. Una referencia más que obligada para quienes han elegido esta profesión. Una figura que no pueden dejar de conocer los amantes de este arte.

Bailarina, coreógrafa y maestra alemana. Nació en 1940 en Solingen (Renania del Norte-Westfalia). Su formación comenzó en 1955 en la Folkwangschule de Essen. Ahí tuvo grandes maestros como Kurt Joos y Sigurd Leeder. Su talento fue evidente, así que después de graduarse en 1959, recibió una beca para prepararse más en la Juilliard School of Music de Nueva York.

La figura de Bausch cautivaba. Por ello, formó parte de importantes Compañías, como la de Paul Sanasardo y Donya Feuer, Paul Taylor (donde estrenó el Ballet Tablet (1961). También bailó en el New American Ballet y el Metropolitan Opera Ballet.

Bausch se mantuvo en una categoría privilegiada dentro de la danza mundial. Y es que ella fue creadora de lo que en el pasado fue un nuevo y original lenguaje: el teatro-danza, con el cual ha mantenido a su Compañía durante dos décadas y media.

La coreógrafa más que preocuparse por el movimiento de las personas, puso énfasis en las razones que las motivan a hacerlo. Algunas de las obras más significativas dentro de su trayectoria son Ifigenia en Táuride, Café Mueller (1978) y Bandoneón (1987).

Los especialistas han dicho que sus coreografías retratan al ser humano de manera integral, es decir, desde sus defectos hasta sus virtudes. Sus piezas lo mismo pueden ser crueles e irónicas, que tiernas. La propuesta de la alemana no se preocupa por una estructura narrativa, sino en recrear acciones e imágenes a partir de experiencias propias o de lo que acontece a su alrededor. En su proyecto, la música toma un lugar trascendental, de ahí que no se ponga barreras de tiempo o nacionalidad para elegirla.

De Bausch hay que destacar su incesante necesidad de conocer más allá de lo que está a su alcance. Por ello, realizó varias residencias en grandes ciudades como Estambul, Hon Kong, Madrid o Roma.

El legado de la maestra Bausch se mantiene vigente a través de su Compañía: Tanztheater Wuppertal, que fundó en 1973 y se mantiene en la cúspide gracias a su inigualable estilo, el cual se ha enriquecido con el talento de los bailarines de diferentes nacionalidades.

Por fortuna, México ha sido testigo del legado de esta Compañía. Vino en 1980, ofreciendo algunas presentaciones en la Sala Miguel Covarrubias, del Centro Cultural Universitario de la UNAM. Más tarde, actuó en el Palacio de Bellas Artes y en el Auditorio del Estado de Guanajuato (1994).